La música de Rosa Wila se aprende de oído

Publicado originalmente en el suplemento De 7 en 7, de Diario El Telégrafo
La generación de Rosa Wila aprendió a cantar con el oído, sin representaciones musicales. Cuando Rosa era una niña la llevaban a fiestas solo bajo la condición de quedarse encerrada en un cuarto. Desde allí oía e imitaba en voz baja el ritmo de la marimba, los arrullos, el chigualo y el alabao que su madre reproducía en casa.
Las noches y los días de fiestas en Borbón, una pequeña parroquia en Esmeraldas que dejó cuando tuvo su primer hijo, la hicieron experta en la música de sus antepasados. “No lo andaban cargando así nomás a uno”, dice esta mujer con la fuerza que le dan sus antepasados en la voz. “Como uno era señorita creían que un hombre le iba a pillar el ojo y se lo iba a llevar nomás. A uno lo dejaban en casa durmiendo, si acaso lo llevaban lo dejaban en un cuarto. Allá era que uno oía los rumbamentos, que ellos bailaban, cómo reían, bebían y tomaban cachimba. Así es que era antes”.

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